Internet seguro en niñez y adolescencia: un desafío de política pública que no se resuelve solo con control

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30 de enero de 2026

La seguridad en internet para niñas, niños y adolescentes se ha convertido en una preocupación creciente para familias, comunidades educativas y autoridades. El aumento del ciberacoso, la violencia digital y la exposición a contenidos inapropiados ha impulsado respuestas urgentes, muchas de ellas centradas en el control, la restricción o la supervisión tecnológica. Sin embargo, limitar el debate a estas medidas implica desconocer una dimensión clave del problema: el bienestar y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital.

Hoy, internet es un espacio central de socialización, aprendizaje y participación. No se trata de un ámbito paralelo a la vida cotidiana, sino de un entorno donde se construyen vínculos, identidades y trayectorias. Por lo mismo, pensar en un internet seguro requiere una mirada de política pública que reconozca el espacio digital como un entorno educativo y social, y no solo como un riesgo a gestionar.

La evidencia internacional, recogida por organismos como UNICEF y Naciones Unidas, muestra que las estrategias más efectivas de protección digital combinan marcos normativos claros con educación, acompañamiento y desarrollo de habilidades. La seguridad no se garantiza únicamente mediante filtros o controles parentales, sino fortaleciendo capacidades en niñas, niños y adolescentes para identificar riesgos, pedir ayuda y tomar decisiones informadas.

Desde esta perspectiva, la educación digital debiera ocupar un lugar más explícito en la agenda pública. Incorporar de manera sistemática el desarrollo de habilidades socioemocionales —como la empatía, la autorregulación, el pensamiento crítico y la resolución pacífica de conflictos— es fundamental tanto para la convivencia escolar como para la prevención de la violencia en entornos digitales. Estas habilidades permiten enfrentar de mejor manera situaciones de ciberacoso, discriminación o exposición a violencia, reduciendo su impacto y frecuencia.

Otro aspecto clave es la participación. Un internet más seguro no se construye sin considerar la voz de niñas, niños y adolescentes. Escuchar sus experiencias, reconocer sus prácticas digitales y promover su participación en la construcción de acuerdos y normas fortalece su sentido de responsabilidad y pertenencia. Las políticas públicas que excluyen esta mirada corren el riesgo de ser poco pertinentes o ineficaces.

Asimismo, la seguridad digital exige una articulación intersectorial sostenida. No es una tarea exclusiva de las familias ni del sistema educativo. Involucra al Estado, a las comunidades educativas, a las organizaciones de la sociedad civil, al sector privado y a las plataformas digitales. Avanzar hacia estrategias coordinadas, con roles claros y objetivos compartidos, resulta clave para pasar de respuestas fragmentadas a políticas públicas con impacto real.

Desde América Solidaria creemos que cuidar en lo digital también es educar. Promover experiencias positivas implica acompañar a niñas, niños y adolescentes en todos los espacios donde se desarrollan, incluido el entorno digital. Cambiar el destino de la adolescencia es una tarea colectiva, y hoy esa tarea también se juega en cómo diseñamos e implementamos políticas públicas que pongan en el centro el bienestar, la participación y el desarrollo integral en el mundo digital.

La pregunta, entonces, no es solo cómo controlar el uso de internet, sino cómo educamos para habitarlo de manera segura, consciente y con sentido. Esa es una discusión urgente y necesaria para el presente y el futuro de  niños, niñas y adolescentes.

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